Por tus calles, Granada,
se expanden los aromas
y se van perdiendo
por todos tus rincones.
Ya no son olores de antaño,
olores a comidas camperas,
a sofrito y pucheros
en dónde se derretían los garbanzos
y flotaba el tocino rancio.
Ya no son olores ancestrales
a pescadito frito y carne con tomate.
Ahora son olores indescifrables
de comidas “raras” de diseño.
Pero yo me pierdo aún
por tus calles frías y estrechas
y huelo a canela y clavo
a jazmín y a morada violeta
y a “tapas” recién hechas
¡por tus calles Granada!
Por algunas de tus calles,
aún siento tus olores,
únicos de mi Granada.
Enero 2009